El intendente Federico Susbielles destacó la reapertura del Centro IREL como resultado de una gestión público-privada y del compromiso de las familias, en un contexto nacional atravesado por recortes y ajuste. La ciudad de Bahía Blanca volvió a poner en funcionamiento su único Centro de Día de atención integral para personas con discapacidad. Tras el cierre de INBARE y los daños ocasionados por el temporal, el espacio IREL reabre sus puertas en lo que el intendente Federico Susbielles definió como “la recuperación de un espacio de inclusión y contención muy importante”. En medio de un escenario nacional donde las políticas de ajuste impactan de lleno en las áreas más sensibles, el hecho adquiere una dimensión política que trasciende la mera gestión administrativa.
“Recuperamos un espacio de inclusión y contención muy importante”, expresó Susbielles luego de recorrer el Centro junto a familias y equipos coordinadores. La frase no es casual ni liviana. En un país donde la discusión pública parece girar exclusivamente en torno al déficit fiscal y al equilibrio macroeconómico, la reapertura de un centro de estas características expone una pregunta incómoda: ¿qué lugar ocupan hoy las políticas de discapacidad en la agenda real del Estado?
El Centro de Día IREL quedó afectado tras el cierre de INBARE y los daños provocados por el temporal. No se trata sólo de una estructura edilicia dañada. Se trata de un entramado humano que estuvo en riesgo. Familias enteras que dependen de este espacio para la contención diaria, para el acompañamiento terapéutico, para el desarrollo de habilidades y para la integración social. Cuando un centro así se paraliza, no se detiene sólo una institución: se suspenden rutinas, tratamientos, vínculos y proyectos de vida.
Susbielles subrayó que la recuperación del Centro fue posible gracias a una gestión público-privada, con fuerte compromiso del Municipio, de la institución y, “sobre todo, de las familias que nunca bajaron los brazos”. En esa frase se condensa una verdad que muchas veces se intenta ocultar detrás de discursos grandilocuentes: sin organización comunitaria y sin presión social, muchos derechos quedan a la deriva. Las familias sostuvieron el reclamo, acompañaron el proceso y fueron protagonistas activos en la reconstrucción.
Bahía Blanca, según indicó el intendente, recupera así su único Centro de Día de atención integral para personas con discapacidad. Ese dato es central. No estamos hablando de uno más entre varios. Es el único. La palabra “único” pesa. Significa que no hay alternativa inmediata, que no hay plan B. Si este espacio cae, el vacío es absoluto. Y en un contexto nacional donde el gobierno de Javier Milei impulsa un programa de ajuste severo sobre áreas sociales, la fragilidad de estos dispositivos se vuelve aún más evidente.
El mensaje del jefe comunal fue claro: “Seguimos trabajando todos los días para construir una ciudad más integrada, inclusiva e igualitaria”. La reapertura del Centro IREL aparece entonces como una definición política concreta frente a un clima de época que muchas veces relativiza la función social del Estado. Porque cuando se habla de inclusión, no se habla en abstracto. Se habla de transporte adaptado, de profesionales especializados, de talleres, de acompañamiento terapéutico, de inversión sostenida.
En este punto, la tensión con el rumbo nacional es inevitable. Mientras el gobierno de Milei insiste en la reducción del gasto público y en la necesidad de “eficiencia” como mantra excluyente, los municipios enfrentan la responsabilidad directa de sostener servicios esenciales. La experiencia de Bahía Blanca demuestra que cuando el Estado local decide involucrarse activamente y articular con el sector privado y la comunidad, los resultados llegan. Pero también expone que esa tarea requiere recursos, planificación y una concepción de la política que no mida todo en términos de rentabilidad inmediata.
La reapertura del Centro IREL no puede leerse sólo como una buena noticia aislada. Es también una señal de resistencia frente a un modelo que tiende a desentenderse de las políticas de cuidado. Las personas con discapacidad y sus familias no pueden esperar a que el mercado resuelva lo que históricamente ha sido responsabilidad pública. La atención integral implica un enfoque interdisciplinario, continuidad y presencia estatal.
El cierre de INBARE y los daños del temporal dejaron al descubierto la vulnerabilidad de este entramado. En situaciones de crisis, los primeros en sufrir las consecuencias suelen ser los sectores más frágiles. Por eso la decisión de priorizar la recuperación del Centro no es menor. Es un mensaje político que interpela directamente la lógica del ajuste lineal. No todo puede medirse en planillas de Excel. Hay dimensiones humanas que no admiten recortes sin generar daños profundos.
Susbielles eligió recorrer el espacio junto a las familias y a los equipos coordinadores. Esa imagen, más allá de la formalidad institucional, tiene carga simbólica. Es el reconocimiento de que la política pública no se construye desde un escritorio aislado, sino en diálogo con quienes viven las consecuencias concretas de cada decisión. Las familias “que nunca bajaron los brazos” no son un recurso retórico: son el sostén real de la inclusión.
En tiempos donde el discurso oficial nacional tiende a desacreditar estructuras estatales bajo la etiqueta de “gasto innecesario”, la recuperación del único Centro de Día de Bahía Blanca plantea una discusión de fondo. ¿Qué sociedad se construye cuando se desmantelan redes de contención? ¿Qué ocurre cuando la eficiencia económica se impone como único criterio? La inclusión no es un lujo. Es un derecho.
Bahía Blanca vuelve a contar con su Centro IREL en funcionamiento. Vuelve a contar con un espacio clave de acompañamiento y desarrollo. Pero la pregunta que sobrevuela es más amplia. Si en el plano local fue posible articular esfuerzos para sostener este dispositivo, ¿qué sucede cuando el nivel nacional adopta una lógica de retracción sistemática? Los municipios no pueden solos con todo. La inclusión requiere una política integral, sostenida y coherente en todos los niveles del Estado.
El logro celebrado por Susbielles es, sin dudas, significativo. Recuperar un espacio de contención tras el cierre y los daños no es tarea sencilla. Sin embargo, también es un recordatorio de la fragilidad de estos avances en un contexto político donde los derechos sociales parecen estar permanentemente en revisión. La ciudad da un paso adelante. La incógnita es si el país acompañará ese rumbo o si el ajuste terminará tensionando aún más a las comunidades locales.
En definitiva, la reapertura del Centro de Día IREL en Bahía Blanca es una noticia que trasciende lo municipal. Es un acto de reafirmación del valor de la inclusión en tiempos de incertidumbre. Es la demostración de que cuando hay decisión política y compromiso comunitario, los espacios se recuperan. Y es, también, una advertencia: los derechos conquistados pueden perderse si no se defienden con convicción.
